sábado, 17 de agosto de 2013

El pecado de ser positivo

Tomado de Culturizando
Por Fioresita 
En más de una ocasión he criticado ese constante estado de felicidad en el que aparentan vivir algunas personas, más falso que las imitaciones chinas de la Barbie (a las que no se le doblan las rodillas y se sientan con las piernas abiertas). El problema de esa falsa felicidad es que ha hastiado a las personas al punto que creen que no hay nadie que pueda ser verdaderamente feliz y que las pretensiones de positivismo son solo una careta para la desventura del vivir. Pero no es así.
Para bien o para mal, estamos aquí. En un mundo sin recetas plagado de excesos y maldad, donde quien no anda buscando un héroe quiere ser uno. Abres el periódico y cuando no te ensucia de sangre con un caso de violencia, sientes el escupitajo de un político en tu cara con sus actos o sus declaraciones. Imaginen una vida que atraviese los días solo revolcándose en ese fango, llenándose de indignación hasta más no poder, popularizando únicamente esa miserable realidad. Es una existencia tan carente de sentido como la de aquel que se esfuerza por dar y aparentar afectos que no siente.
No podemos cerrar los ojos a la realidad, pero de nada nos sirve insistir en resbalar en un lodo que debemos quitar y solo podremos quitarlo manteniendo el equilibrio, viendo las cosas desde una nueva perspectiva, enriqueciendo nuestro espíritu, nutriendo el intelecto y viviendo en salud.
Tenemos amor y odio, noche y día, mar y tierra hay que procurar mantener el equilibrio entre lo bueno y lo malo que pasa para poder cambiar el mundo a una realidad mejor, si es lo que verdaderamente nos interesa. La felicidad no es ausencia de infortunios y el positivismo poco tiene que ver con vendarse los ojos ante lo malo, se trata de ver el lado bueno de las cosas y trabajar a favor del mismo, ver el vaso medio lleno, encontrar oportunidades donde otros se sientan a contemplar desgracias. El caso es que a veces pareciera que ser positivo estuviera dentro de los pecados capitales.
Mi clase favorita, en un máster que estoy cursando, estuvo caracterizada por un profesor cuyas lecciones eran intensas , pero a la vez muy inspiradoras. Cada mañana me despertada con cuatro o cinco correos cargados de actividades para desarrollar, si a eso le suman ocho horas de trabajo y un curso que estaba llevando en paralelo... Ya pueden imaginar el estrés. Pero cada actividad era, en su desarrollo, un invitación a ser feliz, a cambiar de enfoque, a creer que todavía hay chance de construir un mejor futuro para nuestros hijos. De manera que, si ser positivo es un pecado, ¡he aquí una pecadora!
Quien es feliz, hace feliz. Entre tanta tragedia, agradezco infinitamente a quienes con sus sonrisas, a través de mensajes en sus muros de Facebook o de sus líneas de tiempo en Twitter, hacen el equilibrio entre lo bueno y lo malo del día. Aquellos que sin proponérselo nos contagian de buen humor, de esperanza y cada mañana renuevan nuestra disposición para enfrentarnos a las actividades propias de la jornada.
Andar pregonando falsos afectos es un asco, revolcarse en la miseria y la indignación no resuelve nada, pero voltear las dificultades, de modo que a pesar de ellas podamos ver la belleza de los días, es algo reservado solo para gente especial.
Si sonríes la vida te sonríe… ¿¡no es así!?
¡Vamos a sonreír!

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